Sobre los católicos y los laicos

A los católicos de México y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad les digo, haciendo eco de las palabra de un HOMBRE al que desde hace más de 20 años conocemos y que con sus más de ochenta años ha dado ejemplo de vida cristiana, no por su condición de estado, sino por su congruencia de Vida. El Santo Padre Juan Pablo II, él nos ha dicho desde el inicio de su pontificado ¡no Tengáis Miedo!. El manifestarnos públicamente como católicos y actuar como tales debe ser nuestra norma, nuestro testimonio.

En nuestro país hasta ahora, y más por nuestra apatía que por disposiciones legales, nos ha dado miedo a los laicos manifestar nuestras creencias, en nuestra escuela, con nuestros amigos, en el trabajo e incluso en cualquier ambiente social. Ya Basta, independientemente de quien gobierne hoy o mañana es la hora de actuar como verdaderos laicos, inspirados en la doctrina que nos ha alimentado siempre y con mayor fuerza y claridad en estos últimos 20 años, debemos dar la cara en muchos frentes, tantos como los enemigos de Cristo y su Iglesia, los de adentro y los de afuera, han abierto.

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Desde que el mundo es mundo, y desde que Dios en su infinita bondad infundió en un trozo de barro su soplo de vida, nos dice la Sagrada Escritura, casi paralelamente se instituyó también una lucha entre el bien y el mal. Sin embargo, también tenemos la certeza de que las fuerzas del mal no traspasaran las puertas del cielo.

Por una falsa prudencia, los católicos del mundo y en especial los mexicanos, hemos preferido dejar pasar las agresiones, los embates y las ofensas a lo que da sentido a nuestra vida. Sí, los enemigos del bien no sólo han pasado sobre nuestra dignidad como hijos de Dios, han agredido y siguen agrediendo a Dios mismo. Y hay quienes aún siguen creyendo que lo mejor es guardar prudencia.

Hasta hoy hemos permitido, que a aquellos que han alzado su voz por defender a Dios y la vida que el a creado, y en esto aunque los enemigos de Dios no lo crean, en la actitud valiente de los verdaderos cristianos se les defiende a ellos de su propia maldad, los hemos dejado solos. Quienes nos decimos cristianos nos hemos quedado como simples espectadores viendo como son etiquetados y ridiculizados.

Los verdaderos cristianos hoy son llamados, intolerantes, retrógrados, oscurantistas, derechistas, o ultraderechistas y como cristiano y como periodista, se que estos calificativos llevados a los titulares de los diarios, de los avances informativos en la radio, o en la televisión vende y vende mucho, pero están muy lejos de la realidad.

Ha riesgo de ser colocados en alguno de estos adjetivos o en todos, los católicos, los laicos, definidos como aquellos que profesan la fe Cristiana, pero que no han elegido un estado de vida dentro de la estructura formal de la iglesia, aquellos para quienes Dios no es el gran olvidado, el gran ausente, aquel cuyo sola evocación nos importuna, sino para quienes Dios es el «Ser universalmente Necesario», ha llegado la hora de mostrarnos.

Que no se interprete esto como un llamado a una lucha, sin ton ni son o llena de agresiones a nuestros semejante, NO, los verdaderos cristianos nos debemos distinguir por amar a nuestros hermanos, hermanos en toda la extensión de la palabra, y ¿cómo entonces debemos dar ese testimonio o lucha?.

Como digo más arriba, son muchos los frentes que los enemigos de la Verdad Revelada, han abierto, uno de los más inmediatos y mas dañinos es el la «fobia a la vida» y que han enfocado hacia los no nacidos, en medio de una sociedad que vive un clima donde el tren de vida, el orden de las cosas y la idolatría al tener y no al ser, es el mejor aderezo, nos quieren hacer creer que son ellos y solo ellos, quienes buscan un bien específico o particular; el bien de la mujer.

Dentro de unos días, los hombres, mujeres, niños, minusválidos, católicos y no católicos, que amamos a Dios y al pedazo de tierra que nos ha dado como hogar, nuestro país, México, saldremos a la calle de esta ciudad, el Distrito Federal, no a agredir a quienes lo han hecho con nosotros, no a molestar a quienes se topen con nosotros en la calle, ni siquiera a protestar contra el crimen del aborto. NO los verdaderos católicos, laicos, o simplemente hombres de buena voluntad, saldremos a las calles a ser ahora, la voz de miles, quizá millones de bebés en el mundo, que la inconsciencia, la ignorancia o la maldad de algunos les ha arrebatado, tempranamente el soplo divino de la vida.

La hora de hacer escuchar esas voces y de hacer presente el Evangelio que da sentido a nuestras vidas a llegado, «no sigamos llorando como… , lo que no hemos sabido defender como hombres, y aquí eliminé la palabra mujeres a propósito, porque nuestras mujeres y conozco muchas, si algo les sobra es el valor para luchar, no quizá con las armas ni con el odio por sus semejantes, SÍ con el amor por la humanidad.

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