La oración de la noche Salmo 4

A menudo llamada «Oración de la noche Salmo 4» es otro ejemplo de una canción de confianza del gran himnario del antiguo Israel. La ocasión para que David componga este salmo es probablemente durante la huida de su hijo rebelde Absalón y es una oración ofrecida a Dios al final de otro largo día lleno de problemas.

El salmista, David, está sufriendo una viciosa e implacable campaña de ataques personales. Su carácter está siendo asaltado; su honor y su reputación están siendo asaltados mientras sus enemigos se dedican a calumnias maliciosas. Y la presión de este ataque diario va en aumento y tratará de drenar cada onza de fe que quede en el corazón de David.

Los muros se acercan cada vez más, cercando al hombre de Dios por todos lados sin posibilidad de escapar. Y es precisamente en este momento de evidente angustia, cuando toda esperanza parece perdida y los impíos parecen tener la ventaja, que David se vuelve a Dios en oración.

Analizando la oración de la noche Salmo 4

La apelación de David a Dios (versículo 1) es honesta y directa. Con las circunstancias de su vida apretando más, clama a Dios para que le dé espacio y le traiga alivio de estas graves dificultades.

En agonía, humildemente derrama su corazón con una urgente súplica de misericordia. Trata conmigo, peticiones de David, según tu gracia, «¡Oh Dios de mi justicia!» David pudo haber estado tentado de creerse justo en esta situación, especialmente en comparación con aquellos que buscaban hacerle daño.

La apelación

Pero en vez de lo que cabría esperar, en la oración de la noche salmo 4, reconoce y, notablemente, confiesa su propia indignidad. David es un pecador que necesita la tierna compasión de Dios para sobrevivir a esta dura prueba. «Dios», reza, «dame lo que más necesito pero no merezco». Esta es la apelación de David al Señor justo.

Posteriormente, el salmista vuelve su atención y comienza a dirigirse a sus enemigos (versículos 2-5). Estos son versículos interesantes ya que David ahora habla directamente a estos hombres deshonrosos como para alertarlos de su error y pecado.

A estos maldicientes, David pregunta y responde la pregunta de «¿Hasta cuándo?». Con creciente confianza, predica a su propio corazón así como a ellos, «Pero sabed que el Señor ha apartado para sí al hombre piadoso» (versículo 3).

Con esto, David comienza a encontrar confianza en la providencia de Dios. Los hombres pueden avergonzarse, razona, pero Dios santifica.

En conclusión, se trata de una oración perfecta para la noche y para recordarnos lo infinita que es la misericordia de Dios.

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